Mi nombre pudo ser el tuyo

Hace un tiempo atrás decidí hacerme un blog anónimo. Se volvió un espacio blanco en donde podía dejar mi huella con toda la libertad del mundo. Sin nombre; sin críticas; sin la necesidad de aprobación.

La escritura siempre se me ha dado; no necesariamente bien, pero fácil. Por lo tanto, me encaminé en esta aventura personal. Llena de acuerdos, desacuerdos, risas, lloradas, control e impotencia conmigo misma. Con la persona que, en mi vida, tengo la obligación de conocer al máximo; como todos.

Evidentemente, aquí me encuentro. Sumergida en las melodías melancólicas de Alberto Iglesias. Escuchando; sintiendo; transpirando las notas musicales de nostalgia. Con los ojos aguados y el alma liada.

Normalmente, escribo con tinta de esperanza; cuando no la siento, me convenzo porque de lo contrario me sentiría culpable; culpable de llorar. Pues sí, me siento mal. No escribo esto para llenar mis ojos de simpatías virtuales, escribo esto porque creo que es importante y como humana en proceso, me siento total y completamente responsable de compartirlo.

Me han llamado “zorra”, terrorista, ingenua, macha estúpida, dramática, bruta, sin talento, chiquita mimada, flaca, gorda, rara, fea y hasta mujer. Quiero que relean la lista. ¿Se identifican? ¿Qué tiene de malo ser así? (salvo el de terrorista, que de igual manera lo gritaban para burlarse de mis raíces, de las cuales estoy profundamente orgullosa).

El problema no es lo que me han dicho. El problema es el tonito denigrante que lo acompaña; es el salto a las conclusiones que se hace acerca de mí, o de cualquiera, sin ninguna “razón”. Son las intenciones o las no intenciones. Es la falta de empatía que carga el mundo; que cargamos todos.

Y si, a mí también se me inundan los ojos de gotas vacías, de colores, mágicas, secas. A mí también se me hincha el corazón. Y a vos también. Así que mi nombre pudo terminar siendo el tuyo.

La empatía es lo que más hace falta en este mundo; y el dejar ir es lo que todos tenemos que adoptar; porque cuando lo hagamos vamos a empezar a volar con lo dulce de la vida.

Beso a la distancia y una cucharadita de esperanza a mis amigos y no tan amigos; porque los desconocidos también tenemos mucho en común.

 

P.D: En el mundo es valido gritar cualquier cosa, menos el irrespeto.

Te quiero.

Atte: una pañoleta indignada

 

Ilustración por CorreFatiCorre.

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